De comercio por Indika

Desde la bulliciosa ciudad de Ampurias, partí en un emocionante viaje hacia la gran ciudad de los indiketes. Como mercader griego, me aventuré a cruzar las tierras íberas en busca de nuevas oportunidades comerciales. El paisaje que se extendía ante mis ojos era tan hermoso como inhóspito.

Atravesé extensas marismas y estanques, algunos conectados por ríos y riachuelos, mientras otros permanecían aislados. Solo las elevaciones del terreno ofrecían un lugar adecuado para la ocupación humana. La colonia griega se encontraba entre los ríos Tichis y Clodianum (Ter y Fluviá), junto a un lago cercano. Era un panorama fascinante, pero a la vez desafiante.

Finalmente, divisé a lo lejos las murallas de la ciudad. Su diseño mostraba la influencia de los griegos de Rhodes y Emporiae, lo cual me llenó de una sensación de familiaridad y conexión con mi tierra natal.

Al entrar en la ciudad, me encontré con los pobladores llevando a cabo sus oficios diarios. Había artesanos trabajando el metal, tejedores hábiles creando hermosas telas y vendedores animados ofreciendo sus productos en los mercados. El ambiente era animado y lleno de energía, como si la ciudad estuviera llena de vida y actividad.

La muralla que rodeaba la ciudad era imponente, dando una sensación de seguridad y protección. Observé a los vigilantes y defensores en sus puestos, listos para proteger a su comunidad de cualquier amenaza externa. Me maravillé al ver las cabezas cortadas del enemigo sujetas en picas, colgadas del cuello de los caballos y clavadas en las puertas de las casas y los porches de los edificios. Era un recordatorio sombrío de la brutalidad de la guerra, similar a lo que he oído que hacían en los pueblos británicos, germanos y galos.

Mi atención se dirigió hacia el templo principal de la ciudad. Era un lugar de reverencia y adoración, donde los ciudadanos se congregaban para honrar a sus dioses. Me maravillé ante la arquitectura y los detalles cuidadosamente elaborados, sintiendo una conexión espiritual con el lugar.

Mientras caminaba por las calles empedradas, me sumergí en la atmósfera de esta ciudad enigmática.