La Leyenda de Pyrene

Mi nombre es Heracles, aunque los romanos me llamaron Hércules, hijo de Zeus, y llevo la carga de los doce trabajos que me fueron encomendados. Esta es la historia de cómo la cordillera de los Pirineos recibió su nombre, una historia teñida de tragedia y arrepentimiento.

Mientras me dirigía hacia el lejano oeste para robar el ganado de Gerión, encontré refugio en la casa de un hombre local. Este buen hombre me ofreció hospitalidad y descanso después de mis arduas jornadas. Fue en esta casa donde conocí a su hija, una joven de nombre Pyrene.

Su belleza y gracia eran inigualables, pero fue en un momento de debilidad y descontrol que cometí un acto imperdonable. La violé, y esa noche, su grito silencioso quedó grabado en mi memoria.

A la mañana siguiente, descubrí algo que me heló el alma. Pyrene, fruto de la violencia que le impuse, dio a luz a una criatura sobrenatural: una serpiente. Desesperada y aterrorizada, huyó al bosque, buscando refugio y escape del horror que había engendrado.

Después de completar la tarea y robar el ganado de Gerión, regresé por esas tierras. Al pasar de
nuevo por la región, me enteré de la trágica noticia: Pyrene había sido encontrada muerta en el
bosque, devorada por lobos. La desesperación y el horror la habían llevado a huir y, en su
soledad, había sucumbido a las bestias salvajes.

Profundamente arrepentido y conmovido por su sufrimiento, decidí darle a Pyrene un entierro digno. Me adentré en el bosque, encontré su cuerpo y comencé a apilar piedras sobre él, construyendo un monumento que perduraría a través de los siglos. Cada piedra que colocaba era un recordatorio de mi culpa y mi deseo de redención. Así, la cordillera de los Pirineos tomó forma, creciendo hasta convertirse en una barrera majestuosa entre tierras.

Llamé a estas montañas los Pirineos, en honor a Pyrene, para que su nombre nunca fuera olvidado y su historia permaneciera como un recordatorio eterno de las consecuencias de mis actos.

Así, la tragedia de Pyrene quedó inmortalizada en las cumbres y valles de estas montañas, una historia de dolor, arrepentimiento y memoria, tallada en la roca por mi mano y mi corazón.

OTRA VERSIÓN IGUAL DE ATRAPANTE

Pyrene era una hermosa princesa que vivía en las tierras que ahora conocemos como los Pirineos. Durante uno de sus trabajos, Heracles, el héroe griego, pasó por estas tierras y los dos se enamoraron profundamente. Vivieron un breve pero apasionado romance en los bosques y montañas, donde el mundo parecía detenerse. Sin embargo, Heracles pronto tuvo que continuar su misión, y dejó a Pyrene con la promesa de regresar. Desconsolada por la partida de su amado, Pyrene, sumida en la tristeza, huyó al bosque, donde, en su soledad, fue atacada y devorada por bestias salvajes.

Cuando Heracles regresó y descubrió su trágico destino, fue consumido por el dolor. Para honrar su memoria, apiló piedras sobre el lugar donde yacía su cuerpo, creando un monumento que crecería hasta convertirse en la cordillera que hoy conocemos como los Pirineos. En su nombre, estas montañas quedaron como un recordatorio eterno de su amor y su pérdida.

HERACLES

Heracles, en su búsqueda del ganado de Gerión, pudo haber viajado tanto por tierra como por mar, ya que los textos antiguos no especifican claramente su ruta. La Vía Heraclea, más tarde conocida como Vía Augusta, era una de las principales rutas terrestres que atravesaban los Pirineos. Este paso natural en La Junquera, en la región de los indiketes, facilitaba el tránsito entre la Península Ibérica y el resto de Europa, siendo el lugar donde la cordillera es más baja.

Si Heracles optó por un viaje por mar, siguiendo una ruta de cabotaje a lo largo de la costa mediterránea, es probable que haya visitado el Pirineo en algún lugar cercano al Cap de Creus, donde la cordillera desemboca en el mar.

Aunque es más probable que haya pasado por un punto cercano al paso de La Junquera, una confluencia natural entre la ruta y los Pirineos por tierra. Este lugar estratégico ha sido utilizado durante milenios, y se cree que los antiguos íberos tenían allí la ciudad de Joncaria, aún no descubierta arqueológicamente.

Las montañas Albères, parte de los Pirineos, albergan numerosas tumbas megalíticas, lo que añade otra capa de misterio. Si Heracles es el reflejo de historias más antiguas sobre algún personaje heroico neolítico, la historia podría relacionarse con estas antiguas tumbas.

El viaje de Heracles es un mito, pero dejemos volar un poco la imaginación. ¿Será alguna de estas tumbas megalíticas de las Albères la tumba de Pyrene? ¿Quizás esté enterrada en algún lugar próximo a la antigua Joncaria o al paso por los Pirineos? ¿O quizás cerca del Cap de Creus, en el fin de los Pirineos?

Quizás nunca lo sepamos… o quizás sí.